MIGUEL DE LA MADRID
TRAYECTORIA Y PERIODO DE GOBIERNO
Miguel de la Madrid Hurtado fue postulado en 1981 como candidato a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Tras resultar ganador en los comicios del 4 de julio de 1982, asumió el cargo como presidente de México el 1 de diciembre de ese mismo año, dando inicio a un sexenio que se extendió hasta 1988. Su administración se caracterizó por enfrentar una de las crisis económicas más graves del país, así como por marcar el inicio del cambio hacia un modelo económico neoliberal, la apertura política y el desgaste del sistema priista.
ASPECTO POLÍTICO
En el aspecto político, el gobierno de Miguel de la Madrid estuvo marcado por la presión de diversos sectores sociales ante las duras medidas de austeridad implementadas. Esto generó inconformidad especialmente entre el movimiento obrero y campesino, que rechazaban la política salarial; las organizaciones de izquierda, que exigían reformas político-económicas; y también sectores de derecha, que demandaban mayor participación política de las clases medias y de la Iglesia católica. La creciente oposición al régimen se consolidó en las elecciones de 1988, en las que la candidatura de Carlos Salinas de Gortari, sucesor priista, enfrentó una contienda histórica contra Cuauhtémoc Cárdenas, del Frente Democrático Nacional, y Manuel Clouthier, del PAN. Durante el conteo de votos, ocurrió lo que se conoce como la “caída del sistema”, un hecho que cambió la historia política del país, ya que interrumpió el flujo de resultados que favorecían a Cárdenas. Cuando el sistema fue restablecido, Salinas apareció como el ganador, lo que desató denuncias de fraude electoral y protestas masivas. Esta crisis política puso en evidencia el desgaste del PRI y dio paso a la creación del PRD y a un sistema más plural en las cámaras legislativas, abriendo camino hacia la transición democrática.

Desde el punto de vista económico, De la Madrid heredó un país con una deuda externa insostenible, altos niveles de inflación y un aparato estatal sobreendeudado, resultado de los excesivos gastos públicos de gobiernos anteriores y la nacionalización bancaria realizada por José López Portillo. Para enfrentar esta crisis, el nuevo presidente integró a su gabinete a funcionarios con formación en universidades extranjeras como Harvard y Yale, conocidos como tecnócratas. Ellos promovieron una serie de reformas orientadas al mercado, caracterizadas por el neoliberalismo económico. Durante este periodo, se reorganizó el Plan Global de Desarrollo, se impulsó la apertura comercial y la desregulación, y se privatizaron cientos de empresas estatales, reduciendo el número de paraestatales de más de mil a poco más de 400. Se implementaron también mecanismos como los Pactos de Crecimiento Económico y, en 1987, el Pacto de Solidaridad Económica, con la finalidad de frenar la inflación y estabilizar la economía mediante acuerdos entre el gobierno, empresarios y sindicatos. Sin embargo, a pesar de estas medidas, la economía sufrió duramente. El peso se devaluó en más de un 3000%, la inflación alcanzó un 160% anual, y la Bolsa Mexicana de Valores colapsó en octubre de 1987, coincidiendo con una crisis bursátil internacional. Estas medidas generaron mayor pobreza, desempleo y desigualdad.
ASPECTO SOCIAL
En lo social, el sexenio estuvo marcado por grandes tragedias que evidenciaron las debilidades del Estado. El 19 de septiembre de 1985, un terremoto de 8.1 grados Richter devastó la Ciudad de México, provocando la muerte de más de 20 mil personas, la pérdida de miles de hogares, la destrucción de más de 400 edificios y graves daños a la infraestructura hospitalaria y educativa. La reacción del gobierno fue duramente criticada, pues De la Madrid declaró que no se necesitaba ayuda extranjera y no permitió que el Ejército participara en las labores de rescate en las primeras horas tras el desastre. Un año antes, en 1984, ocurrió la explosión de la planta de gas de Pemex en San Juanico, Estado de México, dejando cientos de muertos, miles de heridos y desaparecidos, así como daños materiales catastróficos. A lo largo del sexenio, se agravaron los problemas sociales: aumentaron los robos, secuestros y fraudes, mientras que el desempleo y la carestía se volvieron cotidianos. En lugar de combatir estas causas con empleo o bienestar, el gobierno optó por prepararse para posibles conflictos sociales mediante la creación de cuerpos de represión como la Fuerza de Tarea conocida como “Los Zorros”.

ASPECTO EDUCATIVO
En materia educativa, también se vivió una crisis. Muchas escuelas estaban en malas condiciones, había una alta tasa de deserción escolar, baja escolaridad y dificultades para acceder a la educación universitaria. Durante esta administración, Jesús Reyes Heroles, como secretario de Educación Pública, impulsó un ambicioso proyecto llamado la “revolución educativa”, que buscaba renovar los contenidos, métodos de enseñanza y estructuras escolares, con el objetivo de combatir el rezago y mejorar la calidad educativa. Tras su fallecimiento, fue sucedido por Miguel González Avelar, quien continuó con dicho proyecto pero realizó algunos ajustes. No obstante, se cerraron importantes instituciones como el Centro Nacional de Enseñanza Técnica Industrial (Ceneti) y la Escuela Nacional de Maestros de Capacitación para el Trabajo Industrial (Enamacti), además de descentralizar actividades de la Escuela Normal Superior de México.

PROGRAMAS Y LOGROS
Uno de los logros más importantes del sexenio fue la incorporación de México al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) en enero de 1986, tras años de negociaciones. Esta entrada marcó el inicio formal de la apertura comercial del país al mercado internacional. México se comprometió a reducir sus aranceles y a fortalecer su sector agrícola y programas de desarrollo nacional, con lo cual se alineaba con las nuevas tendencias del comercio global. Además, en el ámbito interno, se logró reducir significativamente el número de empresas estatales, y se instauraron mecanismos de concertación económica como los Pactos de Crecimiento y el Pacto de Solidaridad Económica. Aunque no todos estos programas resolvieron los problemas estructurales del país, sí sentaron las bases de la política económica que continuaría en los siguientes sexenios.
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